Patrimonio Histórico> San Marcos

  • San Marcos comienza en el convento de Santa Catalina de Siena (calle Montúfar) y acaba en el parque vecino de la iglesia. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El Fonsal rehabilitó la casona de la Fundación Caspicara, dedicada a las artes, entre el 2001 y 2007. En la foto, es la de color ladrillo, al fondo; hoy es la sede de la Casa de la Danza. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En esa época, el Fonsal también pintó de tonos pasteles y cálidos las fachadas de las casas coloniales y republicanas, en su mayoría, del barrio. Por ello, su imagen fue más atractiva. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Fue levantada en el siglo XVI (1597-1684), al final de la calle Junín; es de una nave longitudinal (este-oeste). Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • La escultura en madera de San José, llevando al Niño Jesús, es una de las más artísticas por los detalles del vestido: verde con adornos dorados. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En los ochenta, así se veía la plaza del barrio, de jardines descuidados, piso maltrecho y bancas en mal estado. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Es el nombre de un exclusivo restaurante, lleno de obras de arte, que funciona en la calle Junín. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Administrado por empresarios guayaquileños este hotel boutique también atiende en la calle Junín, la vía eje del barrio. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
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San Marcos, el barrio diverso y colorido

La calle Junín, larga y colorida, define el perfil del barrio San Marcos: seductor y activo. Este emblemático barrio, contiguo a la Loma Grande (en la Colonia los dividía una quebrada ya rellenada), arranca desde el convento de Santa Catalina de Siena (calle Montúfar) y concluye en el parque contiguo a la iglesia. Dos escalinatas, típicas del Quito viejo, bajan de la loma hacia el oriente. Varias fachadas de las casas sobre la Junín muestran estilos republicano, neoclásico y mudéjar.

Pocas son las coloniales. La principal: la actual Casa Museo de la Acuarela Muñoz Mariño: patio interior de piedra y corredores que conectan espacios abiertos y cerrados; además, un jardín oculto entre las sombras de madreselvas y fragantes magnolios. En San Marcos todavía siguen en pie las tiendas de barrio, como Víveres Vannesa, de Marlene Díaz, quien emigró de Píntag. Abrió la tienda hace 18 años y opera en la primera planta de la casona, localizada frente al pequeño parque, junto a la iglesia del siglo XVI.

Sobreviven las picanterías, como Laurita, con 50 años a cuestas. Ofrece doradas tortillas con hornado a USD 2 el plato. Angelita Liger Mena, la propietaria, dice que fue fundada por la madre, María Zoila Mena, y la tía, Laura Mena, las dos fallecidas. Díaz sostiene que le encanta vivir en San Marcos porque la gente es buena, sencilla y trabajadora y su paisaje es singular: las casas de tono pastel, otras de color ladrillo, amarillo tenue, celeste, azul y verde. Y vistas únicas que dejan ver el Itchimbía, hacia el suroriente, y los antiguos molinos de El Censo, en el Machángara. “Mi casa es grande, pero hago esfuerzos para conservarla, porque sé que este barrio es uno de los más bonitos de Quito central”. Lo mismo apunta Angelita Liger: a primera hora despierta y mira la fachada de la iglesia colonial, como si hubiese sido hecha de terracota, y la fuente del parque, siempre con agua que cae en una pileta que parece una flor de cuatro pétalos.

La mayoría de casas muestra coquetos balcones de hierro forjado, engalanados con vivos geranios rojos y blancos. Aquí se conjugan viejos oficios: zapatero, cerrajero, ebanista, heladero, ponchero… También es la sede de la anterior Casa de la Fundación Caspicara, un espacio acogedor para la pintura y otras expresiones artísticas. Hoy es la sede de la Casa de la Danza, la cual fomenta una cultura de paz, cobijada en el arte.

A cada paso, las casas se abren como enigmáticos cofres. Esto pasa con el restaurante gourmet Octava de Corpus (Junín E2-167), en la misma vereda del museo de la acuarela. Al pasar el umbral el visitante se siente en el ámbito de las cálidas casas quiteñas de finales del siglo XIX y principios del XX: cuadros de reconocidos pintores alegran las paredes, máquinas de coser y de escribir tan antiguas como los radios que entretenían a la ciudad recoleta de esos tiempos.

Los detalles resaltan en la Octava de Corpus, creado hace ocho años, y preferido por turistas europeos y americanos. Y por los quiteños que ratifican su identidad de pueblo cálido y acogedor. Jaime Burgos, el propietario, conduce por los pasillos de alfombra roja, flanqueados por gruesas paredes que dejan ver sus tesoros: en el salón principal, que colinda con la Junín, destaca un gran biombo de Pekín, de pan de oro, y nácar. Un cuadro de Miguel Betancourt de azul-cenizo. Expresa el perfil de una ciudad como envuelta en niebla. “Lo pintó cuando erupcionó el volcán Reventador”, musita Burgos, como si no quisiera molestar a imaginarios invitados que ocupan las mesas bien dispuestas, con fina cristalería y cubertería.

Dos máquinas de coser Super Dumpton han sido convertidas en útiles lámparas. Abundan los cuadros de Aníbal Villacís (niños de mirada tierna y toros); uno de Stornaiolo. Un desnudo de una mujer de Giovanny Verdezoto. Plumillas de Mideros (cabezas de indígenas y águilas). Un autorretrato de Camilo Egas. Un ángel de la guarda, protegiendo a dos niños, fechado en 1910. Pailas de bronce. Otro biombo negro, cantonés, con incrustaciones de jade y marfil. Un cuadro de Tomás Ochoa, inspirado en los chamanes. Un tapiz de seda japonés, de matices cafés y verdes.

La casa es una mezcla de lo barroco y lo ecléctico. Una ponchera quiteña, de fino cristal, reposa junto a una gran variedad de licores. La sorpresa mayor: una cava de 420 etiquetas de los mejores vinos que descansan en una temperatura de 12 grados centígrados.

Burgos se ufana porque en un cuaderno lleva un registro de turistas de 76 países que han saboreado el pollo, los langostinos y los camarones de cocina contemporánea. Varias revistas del mundo han escrito de esta casa de cocina y arte. Siguiendo la misma vereda, el visitante se encuentra con un hotel boutique de estilo colonia, amplio y acogedor.

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Anécdotas del barrio San Marcos

Los paseos de propios y extraños son parte del día a día de San Marcos. El barrio tiene unos 4 000 habitantes.

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Tesoros del barrio San Marcos

La Casa Museo de la Acuarela Muñoz Mariño tiene una sala con acuarelas del artista. La iglesia de San Marcos está en la calle Junín.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
Diseño Web de Infografías: Miguel Rivas, Julio Arteaga, Mabel Bastidas
Programación de Infografías: Fernando Torres
Maquetación y Desarrollo Web: Raúl Chauvin, Wendy Fiallos, Marcelo Aguilera, Pablo Reyes