Patrimonio Histórico> MIC

  • El Museo Interactivo de Ciencia se levantó en la estructura de la fábrica de tejidos, La Industrial, en Chimbacalle. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • 100 telares quedaron en el MIC, de 400 que pertenecían a la fábrica, tras el robo de las máquinas durante el abandono de la infraestructura en 1999. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En la Sala Ludión, los visitantes aprenden nociones de física y mecánica pero con el uso de varios experimentos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En la Sala Imaginarios quiteños se puede conocer la historia de la capital, desde los procesos urbanos hasta el ecosistema que la compone. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Una gran maqueta de 571 metros cuadrados da cuenta del crecimiento de Quito tanto en el norte como en el sur. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • La Sala Guaguas da la bienvenida a los visitantes más pequeños del MIC. Es una de las preferidas y en ella pueden jugar. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En la Sala Guaguas hay un espacio que recrea el clima húmedo del noroccidente de Quito. También funciona como mariposario. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La importancia del páramo, como el ecosistema en el que viven las especies en peligro de extinción como el oso de anteojos o el tapir, son temas que se explican en el MIC. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La única condición en el MIC es que se debe tocar todo, pues el objetivo de este museo es que los visitantes interactúen. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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Calle Sincholagua, y avenida Maldonado
HORARIOS
Miércoles a domingo de 09:00 - 17:00

La ciencia se aprende con juegos en el MIC

El aprendizaje de memoria no tiene espacio en el Museo Interactivo de Ciencia (MIC). Allí, la idea es conocer a través de experimentos y juegos. El recorrido, que dura cerca de seis horas, se convierte en una aventura. Los mediadores (guías) se esmeran para que los visitantes aprendan la Ley de Newton, los efectos que causa el calentamiento global, así como la transformación arquitectónica y social que ha experimentado Quito.

Colores vivos, pantallas táctiles, videos, cuadros y hasta la temperatura sirven para ambientar las cinco salas con las que cuenta el MIC: Ludión, Imaginarios quiteños, Museo de sitio, Sala de física y Guaguas.

El MIC es un centro de educación no formal, pionero en la temática de la ciencia y lo administra La Fundación Museos. Las puertas de la calle Sincholagua, del barrio Chimbacalle, donde está ubicado, se abren de martes a domingo desde las 09:00 hasta las 17:30. La entrada varía según la edad de los curiosos asistentes: USD 3 adultos; USD 1 niños, ancianos y discapacitados y USD 2 estudiantes.

Todo se inicia en Ludión. El frío que se siente en la sala parecería ser causado por el gran tamaño de los instrumentos de metal fuera de lo común, en comparación con los que se usan en los laboratorios. Las vigas que forman el techo sirven para colgar un gran péndulo de tres metros y un instrumento formado por tubos que parece una gran escalera, pero en realidad recrea la evolución del movimiento de las ondas.

El objetivo en Ludión es que los visitantes entiendan los fenómenos físicos y mecánicos, pero con la práctica de esos gigantes experimentos a los cuales llaman interactivos. Estos se han incrementado paulatinamente desde 2008, año en el que se inauguraron nuevos espacios en el Museo.

Una bicicleta, conectada a una máquina de telares, invita a los asistentes a subirse en ella. Viviana Torres se anima. Ella es una estudiante de 14 años que visita el museo en vacaciones. Sin pedir una explicación se sube en la bici y se da cuenta que, cuando pedalea, la máquina se mueve. Este fenómeno mecánico “es más fácil entender cuando las personas se familiarizan con la ciencia, así descubren y comprueban”, dice Ana Yacelga, una de las mediadoras del Museo.

Con entusiasmo muestra otro interactivo formado por rieles de distinta curvatura, en donde hace deslizar varias pelotas. Pregunta cuál llegará primero y los visitantes apuntan a la que consideran será la más rápida. Gana la de mayor curvatura y Ana explica el porqué: “La pelota llega más rápido porque se deslizó en un cicloide, el cual le da mayor velocidad”. Y un “…ah!!!...” sale de entre los curiosos visitantes.

Es el momento de trasladarse a conocer cómo ha cambiado Quito, en la siguiente sala. Se trata del área del Museo de sitio, en donde permanecen 100 de los 400 telares que conformaban la fábrica de Hilados y Tejidos La Industrial. Oscuros y pesados fierros componen esas máquinas que dieron trabajo a cientos de quiteños desde 1930 hasta 1999, año en el que dejó de funcionar.

La luz es tenue y contrasta con el color oscuro del piso. Forman una combinación que permite mantener el frío en el que los obreros laboraban más de ocho horas diarias y que ocasionaron graves accidentes laborales, al enredarse las ropas entre los telares. La explicación de la mediadora se complementa con una corta cinta de la historia de la fábrica, que se puede mirar después de atravesar una amplia cortina negra. Esta queda atrás, así como el pasado que alberga al edificio, después de caminar por un corto pasillo que conecta a la sala Imaginarios quiteños.

Allí se puede conocer más de la situación actual de la capital. Para ello, una gran maqueta del 571 m2 sirve como referencia para mostrar la extensión, cómo vive su población y el crecimiento arquitectónico de Quito. Luego está la plaza Tulipe, que brinda una pausa entre los salones y permite disfrutar de la música que compone la caída de las gotas de agua en una fuente. Por fin se llega a una de las salas que es la sensación entre los casi 8 000 visitantes que mes a mes llegan al MIC. Es Guaguas. Se llama así porque allí se explica la biodiversidad andina para los niños. Es una de las más grandes y, al contrario de las salas anteriores, es cálida. Esto ha permitido que animales propios de la Serranía: cuyes, conejos, gallo y gallina, subsistan en este lugar por años.

En este salón, los infantes aprenden el funcionamiento del mercado. “Unos se convierten en ‘caseritos’ (compradores) y otros en vendedores”, explica la mediadora Ana, con una sonrisa. Con esos papeles, les hacen conocer frutas, hortalizas y verduras. No solo en nombres, sino sus formas, olores y hasta el proceso de la vida.

A un costado se recrean las montañas que componen Los Andes, acompañados por un volcán que ruge y emite humo. Su ruido ha causado uno que otro susto entre los visitantes. Las pequeñas montañas están rodeadas por animales como la alpaca, el oso de anteojos y el tapir, que por su forma los niños lo confunden con un cerdo. De esta escena se aprende cómo el agua que consumen las personas desciende del páramo. Y los niños entienden la importancia de cuidar el líquido vital y el hábitat de las especies que allí viven.

Es hora de salir. Pero antes, Diego Flores, funcionario del Museo, explica que en breve se abrirá el Parque de la ciencia, que lo componen resbaladeras unidas a grandes cilindros. En ellos, se explicará el funcionamiento del ADN.

anÉcdotas

Anécdotas del Museo Interactivo de Ciencias

En la sala Guaguas, el sonido de la erupción de un volcán puede asustar a los visitantes. Existen otros objetos que asombran a los niños.

tesoros

Tesoros del Museo Interactivo de Ciencias

Desde el 2011 funciona la sala Ludión. Ahí los niños pueden experimentar con la física.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
Diseño Web de Infografías: Miguel Rivas, Julio Arteaga, Mabel Bastidas
Programación de Infografías: Fernando Torres
Maquetación y Desarrollo Web: Raúl Chauvin, Wendy Fiallos, Marcelo Aguilera, Pablo Reyes