Patrimonio Histórico>Iglesia San Agustín> Historia

  • En 1606 este español comienza a edificar la iglesia. Diego de Escarza es el autor de la fachada manireista. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • En la iglesia destacan los óleos coloniales de la pasión de Cristo, como el que se ve al ingresar al templo (izquierda). Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Al contrario del profuso estilo barroco de La Compañía, la nave principal de San Agustín es de estilo neogótico. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Esta imagen colonial, vestida de seda azul bordada con dorado, ocupa el centro del altar mayor. Lleva al Niño Jesús en brazos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Esta talla, de tamaño natural, se halla en una capilla del ala izquierda del altar principal. Tiene cientos de devotos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El jardín principal de San Agustín tiene influencia mudéjar por sus arcos de medio punto, la pila de piedra y la abundante luz. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En la Sala Capitular destaca el artesonado mudéjar (estilo árabe) y el calvario barroco de la Escuela Quiteña. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En la misma Sala Capitular, en el artesonado, existen los óleos dedicados a los personajes de la Orden de San Agustín.
Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En el ala sur de la Sala Capitular se levanta un soberbio calvario atribuido a la Escuela Quiteña. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Debajo del calvario de la Sala Capitular se construyó una catacumba, donde fueron enterrados los héroes del 2 de agosto de 1810. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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Calle Guayaquil y Chile, esquina.
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San Agustín es una conjunción de estilos

Al mediodía el quemante sol de agosto juega en la fuente de piedra del jardín colonial del convento de San Agustín. El espacio es luminoso. Tiene gruesos pilares de piedra y arcos de medio punto. Se nota la huella andaluza, la impronta mudéjar: agua, piedra y luz. En contraste, la iglesia, de estilo neogótico, se ve semioscura, a pesar de que el sol igual se filtra por las ventanas, ya que el templo se construyó en un sentido sur-norte para que recibiera más claridad.

El agua repica en la fuente y se confunde con los sonidos secos que producen cinco restauradores, de la empresa Barroco, que limpian las piedras esquineras, de soporte de la arquería principal. Silvio Puentestar, uno de ellos, dice que ya llevan un mes de la tarea: limpiar, con jabón neutro, hongos y líquenes. Utilizan cinceles y martillos. Es un trabajo de paciencia, de orfebre, de relojero que limpia el polvo acumulado por los años. También hay un desgaste por anteriores retoques en los que introdujeron pedazos de varios materiales como cemento.

En un recodo del patio, en la esquina oriental, se levanta la histórica Sala Capitular, bañada en pan de oro, de sillería de barroco español y el artesonado (techo) mudéjar, de fina madera, herencia de los ocho siglos que pasaron los árabes en Andalucía, sur de España. Un artesonado de esferas doradas y hexagonales que simbolizan un cielo posible y cercano. Al fondo, un soberbio calvario de barroco quiteño de dimensiones humanas: Jesús agonizante en una cruz verde; la Virgen María, de vestido rojo y capa verde; y San Juan Evangelista, ataviado con un traje malva y filigrana de oro. El altar igual es de pan de oro y el barroco se retuerce en sus caprichosas y sinuosas formas.

En el otro costado se aprecia la pequeña y maciza mesa en la que los patriotas firmaron el acta de Independencia de la Corona española, el 16 de agosto de 1809. Una leyenda dice: Silla y mesa que sirvieron para la firma de actas de la Independencia Nacional. Son muebles barrocos. La silla está coronada por una pieza de media luna, que parece una concha marina. Más arriba, un cuadro de La Inmaculada Concepción, vistiendo su traje blanco y azul, componen este conjunto de la bella sala, uno de los íconos del Quito colonial.

María José Galarza es una guía de San Agustín con 13 años en el oficio. Sabe el ABC del convento. Despacha en su oficina-recepción a la que se accede por la calle Chile. Según Galarza, el conjunto de San Agustín está conformado por la iglesia (1580-1669), el convento (1580-1617), el museo Miguel de Santiago y la Sala Capitular. Se trata de un conjunto único que encaja en el mosaico de joyas arquitectónicas de Quito, Patrimonio de la Humanidad. En estos días se exhibe, en el museo Miguel de Santiago, la muestra Hierofanías o expresiones de la fe en torno al Señor de la Buena Esperanza, cuya figura de tamaño natural descansa en una capilla de la iglesia, de fachada manierista (una mezcla de varios de estilos).

En la exposición se aprecian los lienzos del pintor ibarreño Carlos Almeida, en las que expresa los milagros del Señor de la Buena Esperanza; se exhiben sus túnicas, sandalias de plata y una de oro y las potencias que lleva en la cabeza. Debajo de la Sala Capitular, los agustinos construyeron una cripta especial. En una lápida se lee: A la memoria de los próceres del 10 de Agosto de 1809 y del 2 de Agosto de 1810. Además de los despojos de los principales protagonistas de esos años se hallan los restos de hombres, mujeres y niños, gente del pueblo, que participó en la histórica revuelta.

Se percibe la humedad de la catacumba. El aire es denso. Hay 40 nichos. El más antiguo es de 1919; otro, de 1926, con los restos de Alejandro Vásconez Cepeda, ex diplomático de principios del siglo XX.

Volviendo al conjunto, en 1580 el arquitecto español Francisco Becerra ya tenía los planos de la iglesia, primero, luego se edificaría el convento. Becerra viajó (no se conoce adónde) y el arquitecto Juan del Corral retoma las obras, concluidas en 1669. La Orden Agustina se establece en 1553 como misionera. El sitio: un predio de la Iglesia de Santa Bárbara. Pronto, el Cabildo quiteño les entregó un solar.

María José Galarza explica lo más destacado de la construcción de la iglesia: fue levantada en tendencia gótica. “En la parte del coro se conserva la arquitectura inicial con arcos ojivales y nervaduras, los cuales se acabaron, en el resto de la nave, en el terremoto de 1868; antes todo era gótico”. Cuando vuelve a reconstruirse, 12 años después (1880), se decide que para no perder el estilo propio debía levantarse siguiendo la misma estética, pero más ligera, es decir, con el neogótico, el cual está presente a lo largo de toda la nave central. Otro rasgo de este estilo: la fijación de coloridos murales en las paredes.

El pan de oro solo se limita a los retablos y al altar mayor. La iglesia fue construida de sur a norte. Esto atrapa el sol en las ventanas y la iluminación es más natural. El sacristán Luis Gaybor, quien acompaña a las decenas de turistas, sostiene que en el altar principal se halla la Madre de la Consolación, vestida de seda azul bordada con dorado. Lleva al Niño Jesús en brazos. El cabello castaño de los dos es natural.

Arriba destacan las tallas de la Santísima Trinidad con San Pedro y San Pablo. A los costados del altar se revelan dos cuadros inmensos: La Regla (8m x 6 de ancho), trabajado por Miguel de Santiago a partir de 1656. Demoró tres años y representa a la Orden Agustina y a su infinidad de rostros de antiguos personajes. Por eso se le conoce como el cuadro de las Mil caras.

La Regla tiene una razón: San Agustín sostiene el legendario libro de la regla. Desde la figura del Santo hacia abajo se aprecian a donantes y religiosos de otras órdenes que aún están en la Tierra. Y arriba del patrono de la Orden, la corte Agustina que está en el cielo. Los tonos son oscuros y claros en el cielo.

El otro cuadro es de la colección denominada de los colosales, de Cadena, (1864). Les decían así porque rebasaban los 5 m de alto y representa la conversión de San Agustín. 17 cuadros de gran tamaño, que antes estaban fijados en las paredes del patio central, se encuentran en proceso de restauración por Patrimonio del Municipio de Quito y otros, acaso decenas, resguardados en la reserva.

Galarza reconoce que hay alrededor de 50 cuadros coloniales. En estos días, de muchas visitas, cuatro chicas del Colegio Espejo hacen pasantías en San Agustín. Son estudiantes de Diseño y Comercialización en Ecoturismo. Sus nombres: Michelle Castillo, Stephanie Sangucho, Gabriela Álvarez y Alejandra Arcos.

Las voces de los turistas se multiplican. Rubén Miranda Ojeda y Alicia de Miranda vinieron de Lima. Coinciden en la belleza de la Sala Capitular y del jardín central. Miranda exporta de China el jeep Liberty. Lo vende, como todos los autos en Perú, solo en dólares. Felipe Salazar, de Colombia, y Brunetto Brumori, de Italia, dicen que vuelven a Quito a los 25 años y da gusto encontrar al Centro Colonial limpio y bien conservado. “Antes estaba lleno de vendedores ambulantes, la calle Cuenca era un mercadillo; entiendo que el ex alcalde Paco Moncayo comenzó el proceso de preservación que sigue hoy”, apunta Salazar.

anÉcdotas

Anécdotas de la Iglesia y Convento de San Agustín

En la Sala Capitular está el Acta de Independencia. Esta data del 16 de agosto de 1809.

tesoros

Tesoros de la Iglesia y Convento de San Agustín

La Sala Capitular es un punto de atención en el complejo. El cuadro de La Regla de Miguel de Santiago está en San Agustín.

 

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Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
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Ilustraciones: Jorge Cevallos
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