Patrimonio Histórico> Iglesia La Compañía

  • La fachada de la iglesia fue la última parte de la infraestructura en ser construida. El tallado en piedra data del siglo XVII. Foto: Archivo/ El Comercio
  • Al atravesar las puertas de La Compañía, un fuerte destello de luz se desprende del altar del templo. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Todos los rincones del interior de La Compañía contienen alegorías bíblicas. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Las cúpulas de La Compañía miden entre 8 y 6 metros de diámetro. Fueron decoradas por baldosines de distintos colores. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El pan de oro, que decora el interior de La Compañía, también cubre parte del techo del templo. Los visitantes lo pueden apreciar con un espejo. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Imágenes de santos, sacerdotes y pasajes bíblicos están rodeados por querubines y detalles de oro y plata dentro de las cúpulas de La Compañía. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • La iglesia de La Compañía cuenta con aproximadamente 100 lienzos de autores anónimos. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Aproximadamente 300 turistas visitan diariamente La Compañía. La mayoría resalta el esplendor de la iglesia. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La Compañía fue visitada por Mariana de Jesús, la primera santa del Ecuador. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Una de las habitaciones cercanas al altar de La Compañía contiene imágenes elaboradas durante la época de La Colonia de Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Las cúpulas de La Compañía se iluminan con el anochecer capitalino, para que la oscuridad no apague el esplendor de su arquitectura. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
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La Compañía, la mística del barroco

Palpar los baldosines de las añejas cúpulas de la iglesia La Compañía produce un inquietante misterio. La reverencia y la sorpresa se fusionan al acercarse a este espacio, en una amplia terraza del templo: la síntesis poética del barroco americano en piedra y pan de oro. Es común observar a las cúpulas durante el día y en la noche, iluminadas y majestuosas. Pero al sentirlas tan cerca se unen el tiempo lejano de la silenciosa Colonia, cuando fueron levantadas, y el actual, cosmopolita y frenético.

Los baldosines son verdes, cremas, cafés, rojizos y negros. Desde lo alto, Quito se revela como una acuarela de tonos grises, el verde de El Panecillo, techos cafés, la piedra y el pretil jaspeados de San Francisco. La cúpula mayor tiene 10 m2 de diámetro y la menor, 8 m. 12 ventanas rodean a la primera y al ingresar por una de ellas se abre un pequeño paraíso: en el interior de la cúpula resalta una alegoría de colores de un sol, infinidad de querubines y 12 santos, en medio de la abundancia de los frutos americanos.

Al recorrer el llamado tambor, por un angosto pasadizo, los feligreses que entran al maravilloso templo dorado parecen hormigas. 

Cada día un promedio de 300 turistas, sobre todo americanos y europeos, recorren La Compañía. La llamada temporada alta europea comienza en julio y concluye en septiembre. El turista extranjero paga USD 3 y el nacional, la mitad. Cientos de europeos recorren los templos quiteños, como el pedagogo austríaco Konrad Piok, quien alaba el esplendor de la iglesia, al igual que otros tres compatriotas.

Según Diego Santander, la conservación del conjunto arquitectónico es constante y diaria: “Seis obreros limpian todos los días el interior del templo, bancas y pisos; y en ocasión oportuna tallas (esculturas, mamparas, púlpito, balaustrada, confesionarios); marcos y lienzos, retablos, lo que constituye un trabajo técnico más depurado, es encargado a técnicos de la Fundación Iglesia de La Compañía”.

Cerca de USD 25 000 por mes requiere la Fundación para mantener al día al vasto conjunto de La Compañía y la gestión que realiza de conservación preventiva integral y atención al visitante. El turismo constituye su fuente de ingresos. La Compañía atesora alrededor de 100 lienzos de los siglos XVII y XVIII. Casi todos de autores anónimos. Destacan dos en la Sacristía, del pintor Jean de Morainville, miembro de la Misión Geodésica Francesa (siglo XVIII, que llegó a medir un arco del meridiano terrestre), y los demás, retratan la vida de los fundadores de la Orden: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Francisco de Borja y otros.

Otra colección clave que adorna los pilares de la nave central es la de los cuatro profetas mayores y los 12 menores, lienzos atribuidos a Nicolás Javier Goríbar. En estos días, los técnicos trabajan en la recuperación de la pintura mural del zócalo perimetral de la iglesia (60 m x 1 m de alto). La Compañía tiene 11 retablos y en cada uno caben seis tallas de santos. Los tejuelos de la cúpula fueron renovados en el 2000 con material de Cuenca.

Cúpula de la Iglesia de La Compañía

El italiano Marcos Guerra es el arquitecto responsable de construir las cúpulas, ademas de la decoración en oro y el púlpito de la Iglesia la Compañía. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO


anÉcdotas

Anécdota de la Iglesia La Compañía

Los visitantes conocerán la historia de una de las pinturas de La Compañía. En la iglesia está también la imagen de La Dolorosa.

tesoros

Tesoro de la Iglesia La Compañía

La inmensas columnas se destacan en el interior de la edificación. La imagen de La Dolorosa es uno de los puntos de atención.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
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