Patrimonio Histórico> Convento y cementerio de San Diego

  • El convento y la iglesia de San Diego fueron levantados en el siglo XVI en terrenos que fueron donados. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La ornamentación del interior de la iglesia fue hecha con obras de la Escuela Quiteña del siglo XVIII. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El convento de San Diego era uno de los sitios más alejados de la ciudad, en aquella época. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El convento tiene un patio con una gran cruz en la mitad. Aquí se congregaban los padres franciscanos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El museo de San Diego recoge obras artísticas con alegorías de Cristo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Las imágenes en su mayoría relatan momentos de la pasión de Cristo, pintados por artistas quiteños. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • San Diego es conocido por la leyenda del padre Almeida, quien trepaba sobre un crucifijo para salir del convento a divertirse. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá es uno de los lienzos que se exhiben dentro de la iglesia. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Desde los exteriores de la iglesia se puede ver las altas criptas del cementerio de San Diego, que es el más grande de Quito. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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Calle Calicuchima y Farfán
HORARIOS
Lunes a sábado de 09:00 - 13:30, 14:30 - 17:00

San Diego desvela tres íconos

De la infinidad de obras prodigiosas del arte religioso del convento de San Diego (siglo XVI), tres sobresalen por su originalidad y valor histórico. Un Cristo agonizante, hermanado a la leyenda del padre Almeida; un cuadro atribuido al afamado El Bosco (nacido en Holanda, en
1 450); y una última cena, de gran formato, de Miguel de Santiago, en la que se ven –junto a Jesús-  un cuy asado en la mesa y un plato de humitas quiteñas (una joya fantástica del sincretismo colonial).

En las cuatro salas de arte –Barroco, El Bosco, Vírgenes y Ángeles- abundan las imágenes de tamaño natural y óleos de los siglos XVI, XVII y XVIII, varias de la orden franciscana, ya que San Diego pertenece a esa grey. Caminar por los anchos zaguanes coloniales, flanqueados de gruesas paredes de adobe, es una travesía de misterio y contemplación.

Una plazoleta del siglo XVII, limitada por las calles Calicuchima y Farfán, es la antesala para ingresar a San Diego, a su iglesia de artesonado mudéjar (hecha de fino cedro), al altar dorado; al púlpito, una pieza única del barroco, de tres columnas salomónicas, realizado por Juan Bautista Menacho.

Todo es silencio. Penumbra y misticismo. Feliza Guerra, guía de planta, conduce a la sacristía en la que habita el Cristo que recriminó al padre Almeida por escaparse, guitarra en mano, a las farras, cruzando la antigua quebrada de Jerusalén (hoy el bulevar 24 de Mayo), en las fondas coloniales del siglo XVII.

El Cristo sufriente, grande y estoico (atribuido al padre Carlos), está en una cruz verde. Guerra recalca que muestra tres rostros: de frente, con los labios abiertos, se aprecian los dientes; por el lado izquierdo agoniza (pálido); desde el derecho, los pómulos se oscurecen en hilos de sangre.

Guerra avanza por un corredor de piedra. Asoma un patio alegrado por un arupo en flor. La estatua de una Virgen solitaria reina en ese rincón de soledad.

Invita a la sala El Bosco y emocionada muestra un óleo sobre lienzo, ‘El paso de la vida a la eternidad’. Guerra cree que lo trajo un sacerdote, hace más de 100 años, de Europa. Jerónimo Bosch, El Bosco, fue uno de los pintores favoritos de Felipe II. Gran dibujante, en su obra se maneja un tinte surrealista, de sueños, matizado con ironía y gran manejo del color.

En la obra de El Bosco, una multitud avanza al cielo por un puente colgante; otra sale de un huevo (la metáfora de la Tierra) para ir al infierno. Las otras salas, repletas de tallas y óleos, se suceden en una galería de santos, ángeles, querubines, los personajes de la Sagrada Familia en varias situaciones. Son lugares de ternura y dolor.

El padre John Castro, principal autoridad de San Diego, dice que el convento se fundó como recoleta para orar, hacer penitencia, estudiar, o sitio de descanso de los sacerdotes enfermos. Según él, de aquí salían los mejores misioneros al Oriente. Llegaron hasta Iquitos (hoy Perú). “En 1895, el general Alfaro no permitió las misiones, fue una pérdida para el país”.

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Anécdota de San Diego

Los familiares adornan las tumbas. Estas se diferencian de acuerdo con el sector.

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Tesoro de la Virgen del Volcán San Diego

Vírgenes y santos se encuentran en la iglesia de San Diego. Una de las imágenes icónicas es la Santísima Virgen de las Mercedes del Volcán.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
Diseño Web de Infografías: Miguel Rivas, Julio Arteaga, Mabel Bastidas
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