Patrimonio Histórico>Convento de El Carmen Bajo> Historia

  • El Carmen Bajo es un monasterio, en donde las monjas viven enclaustradas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La capilla principal tiene una sola nave y cuenta con retablos atribuidos a Legarda. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Las esculturas evidencian la calidad artística de la Escuela Quiteña de los siglos XVII y XVIII. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Las esculturas del niño Jesús son algunas de las que más captan la atención en el Carmen Bajo. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Las esculturas bíblicas se exponen, de vez en cuando, en el Museo del Carmen Bajo, en algunos de los salones del convento. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Las hermanas carmelitas se encargan del arreglo de las imágenes, como una de sus actividades en el claustro. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • El convento del Carmen Bajo tiene habitaciones aisladas para las monjas y se caracteriza por sus naranjales. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La representación de la Sagrada Familia es una parte de la devoción de la comunidad carmelita. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Una exposición de los pesebres es una de las más visitadas dentro del convento. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En una de las habitaciones del museo se recrea la forma de vida de las madres, dentro del claustro. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
Sugerencias quito@elcomercio.com

Este lugar en

Noticias relacionadas

Calle Olmedo y Venezuela
HORARIOS
Lunes a viernes de 08:30 - 12:00 y 15:30 - 17:00

El Carmen Bajo abre el portón de sus secretos

“El Niño Jesús está ‘Pumbucho’, después de la huida de Egipto”. Eso dice la madre Raquel de Santa Teresita, de la Orden Carmelitas Descalzas, de El Carmen Bajo, al contemplar tres imágenes de tamaño natural de la Sagrada Familia.“Pumbucho –explica- significa cansado y molesto, es una palabra del Carchi, pues una hermana de esa provincia calificó así al Niñito”. Las tallas se aprecian en una hornacina cavada en una gruesa pared del antecoro (segunda planta).

Otras obras acompañan a la Sagrada Familia, engalanada con vistosas y coloridas prendas. Por ejemplo, cuatro óleos en alabastro (siglo XVIII), similares a los de San Francisco con escenas de la infancia de Jesús. Antes de pasar al coro, la madre Raquel acota que la mayoría de obras –tallas, óleos, imágenes de diverso tamaño- son de autor anónimo.

Sin embargo, destaca el talento artístico de la hermana Magdalena Dávalos, oriunda de Riobamba, quien fue una destacada pintora. “La madre Dávalos vivió en el siglo XVIII; fue pintora, escultora, compuso música y bordaba; su obra más relevante es la inspirada en la Virgen de El Carmen, fijada en el altar mayor de la iglesia; trabajó ángeles adoradores en pan de oro, y otras piezas”.

El cuerpo de Dávalos reposa en el cementerio del claustro de la Santísima Trinidad de El Carmen (nombre oficial). Con humor, la hermana Raquel dice: “De aquí no salimos ni muertas”. Todos reímos. El coro es quizá uno de los recintos más reconocidos por su fina sillería colonial; un Niño Jesús esculpido en cera, blanco y sonriente, ocupa el centro del coro. Es una pieza única por el delicado material en el que fue trabajado. Está cubierto por una esfera de cristal, adornada con motivos marinos: conchas, un barquito de madera a la deriva y caracolas doradas.

Por una rejilla, abajo se aprecia la iglesia cuyo altar barroco es de pan de oro. En la penumbra refulgen los santos y la Virgen de El Carmen. La siguiente parada de este claustro que desvela sus secretos es una sala que contiene una colección de 10 crucifijos. Fijados en una pared blanca resaltan sus rostros sufrientes, en agonía o en el sueño de la muerte.

Una habitación contigua muestra la celda sencilla y austera de las monjas (en la actualidad allí viven 13). Una pequeña cama, un velador con libros religiosos, los cilicios de autocastigo; un maniquí viste el austero hábito café, la toca blanca y el Rosario atado a la cintura. Siguiendo por el recorrido en el ala norte, de la segunda planta, se accede a un amplio salón en el que un delicado altar mayor, como hecho en filigrana, de medianas dimensiones, se roba la vista. Tiene nueve hornacinas para igual número de santos. Es de pan de oro.

La arquitecta Tamara López, quien realiza trabajos en el claustro y apoya a la Orden, afirma que el altar es una obra singular del barroco quiteño, al igual que La Legardita, una imagen de 20 cm, atribuida a Bernardo de Legarda.

La madre Raquel sostiene la imagen en una mano, mientras evoca que el maestro Legarda primero elaboraba tallas pequeñas antes de emprender las grandes vírgenes aladas como la de Quito.  

En la misma sala cuelga el cuadro del milagro: una Virgen cuya mirada parece seguir al espectador. Según la madre Raquel, en 1698 ocurrió un terremoto en Latacunga que devastó el claustro inicial. “La Virgen dijo a las hermanas ¡corran al huerto!, así lo hicieron y se salvaron”.

Al salir de la sala, en la misma segunda planta, en cuartos bien acondicionados están el fabuloso Belén (ocupa toda una nave), las salas de ángeles y santos y un calvario de tamaño natural.

anÉcdotas

Anécdota del Carmen Bajo

El pesebre se muestra al público desde el 2011. En el sitio también está La Legardita.

tesoros

Tesoro del Carmen Bajo

El belén es uno de los más grandes del país. Las figuras son coloniales.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
Diseño Web de Infografías: Miguel Rivas, Julio Arteaga, Mabel Bastidas
Programación de Infografías: Fernando Torres
Maquetación y Desarrollo Web: Raúl Chauvin, Wendy Fiallos, Marcelo Aguilera, Pablo Reyes