Patrimonio Histórico>Complejo Arqueológico Rumipamba> Historia

  • Los restos arqueológicos del Parque Rumipamba fueron ubicados en la parte baja de las montañas, en el occidente de Quito. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Los muros que fueron hallados en Rumipamba se extienden de occidente a oriente y de norte a sur. Entre las piedras habían cráneos humanos.
Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Los visitantes pueden experimentar el proceso de búsqueda de vestigios en las unidades de investigación del Parque Rumipamba. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO
  • Los bohíos, como se conoce a las evidencias de casas en Rumipamba, eran levantados a base de hoyos en donde se ubicaban palos. Estos servían como columnas para construir las paredes. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Entre las vasijas se hallaron restos de comida y de granos, con los cuales se acompañaba a los cadáveres cuando eran sepultados. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Se cree que los primeros habitantes de Quito escogieron Rumipamba porque estaba cerca a las montañas que les proveían de agua. En el sitio hay una gran variedad de plantas endémicas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Los hallazgos, desde 1999, han sido divididos en distintas unidades de investigación. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Los culuncos son una especie de túneles que se abrían entre la vegetación. Servían como escondite y caminos que unían la sierra y la costa del Ecuador. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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Mariana de Jesús y Occidental
HORARIOS
Miércoles a domingos de 08:00 - 16:30

En el parque arqueológico Rumipamba, el visitante se ensucia las manos

En medio de un vasto paisaje verde, amplios senderos forman laberintos que conducen a excavaciones cubiertas, para resguardar lo que esconden. Los senderos emanan un perfume fusionado de los aromas que expulsan las plantas endémicas de Quito como la chilca, helechos, uvillas y arrayanes.

Mientras se disfruta de este fresco perfume silvestre, los viajeros continúan adentrándose por esos caminos sin imaginar que en un punto lejano existen espacios profundos que conservan restos de los primeros habitantes de Quito, que los arqueólogos localizaron en nueve unidades de investigación, a lo largo de 35 hectáreas de extensión.

Uno de los senderos conecta a una gran excavación rectangular que tiene diferentes profundidades. Se unen unas a continuación de otras y forman gradas, que permiten ascender o descender entre los distintos niveles. En ese espacio los visitantes pueden descubrir el patrimonio de Quito que alberga el Parque ecológico y arqueológico Rumipamba. Ubicado en la avenida Mariscal Sucre y Mariana de Jesús, constituye uno de los lugares que ha sido levantado en medio del desconcierto de quienes lo descubrieron.

Fue en 1990, cuando en el lugar estaba previsto construir un gran conjunto habitacional. La inmobiliaria empezó la obra, pero mientras levantaban las edificaciones un obrero descubrió restos humanos en una vasija y avisó al arqueólogo Alfredo Santamaría, que era amigo suyo. Él dio aviso al Municipio y se paralizó la edificación hasta realizar los estudios respectivos.

Tras una excavación dieron con un gran hallazgo: osamentas, vasijas, grandes muros y hasta los restos de viviendas. Así se declaró al lugar como un espacio patrimonial, el cual se puede visitar de miércoles a domingo desde las 08:30 a 16:30. La entrada es gratuita.

El recorrido dura alrededor de 90 minutos. En ese tiempo, los visitantes viven la experiencia de descubrir el patrimonio en una de las excavaciones, con ‘El arqueoloco’. Es un personaje que simula el trabajo del arqueólogo y lo transforman en una tarea divertida. El acto se inicia con una invitación para que los turistas desciendan a la profundidad y busquen entre la tierra. Ellos usan pequeñas palas, bailejos y brochas. No les importa ensuciarse. Se hincan o se sientan y empiezan a cavar.

Si tienen suerte, encuentran trozos muy pequeños de vasijas que fueron escondidos por los mediadores. El hallazgo causa sorpresa entre los asistentes, quienes pueden llevarse a su casa lo que encontraron. “Esta es una forma que se ha ideado para que los visitantes custodien y se apropien del patrimonio de Quito. Así se genera conciencia de lo que tenemos”, explica Bernarda Ycaza, coordinadora del parque.

La experiencia causa emoción. María Esther Rodríguez siente fascinación por la riqueza que esconde el parque. Ella llegó junto a otros compañeros del programa 60 y Piquito, en el cual participan personas de la tercera edad. Dice que “ahora ni un centavo se encuentra en la calle, pero aquí uno halla restos de ollitas. ¡Qué lindo!”.

La siguiente excavación muestra largos muros que no superan los 80 cm. de alto. La infraestructura evidencia la ocupación del sitio entre el período de Desarrollo Regional y Formativo (500 años dC). Grandes piedras los componen y se extienden de norte a sur y de este a oeste a lo largo de 100 metros.

Se dice que eran divisiones urbanas que marcaban espacios de vivienda o de rituales. Lo llamativo: entre piedra y piedra hay cráneos humanos, distribuidos al azar. Ellos miran hacia el Guagua Pichincha. “Se cree - agrega Ycaza- que se los ubicó como algo ritual o simbólico, pues la montaña les proveía de agua, lluvia, pero también de eventos que hicieron que la gente saliese, cuando había erupciones”.

Al descender por el parque se llega al Museo de Rumipamba. Funciona donde antes era una gran hacienda. Allí se encuentran varios objetos y osamentas. Estos, así como otros vestigios hallados en Quito, han sido analizados en el laboratorio que se instaló en el sitio.

El recorrido continúa a través de los culúnculos, que son caminos cubiertos por vegetación. Parecen túneles y dentro de ellos, el ambiente se torna más fresco. Si los visitantes son altos deben agacharse. Estos senderos escondidos servían a los antiguos pobladores, en especial del noroccidente y también a los tsáchilas, para transportar productos entre las regiones o para el descanso.

Uno de ellos conecta con los bohíos. Así se denominan a las casas de los antiguos habitantes, que se componían de barro y paja. En ese espacio se ambientó cómo vivían, sus talleres de trabajo y hasta cómo eran sepultados. Los restos fúnebres se enterraban en el exterior, junto a la casa. Algunos hallazgos se mantienen intactos y “muestran que se los ubicaba en posición fetal, en dirección al Sol, pero mirando hacia el Pichincha. Junto a ellos dejaban un fiambre, que contenía la comida que se llevaban al más allá”, explica el mediador, José Luis Muñoz.

La caminata es larga en Rumipamba. Hay tanto que mirar y conocer que entre paso y paso, el tiempo no se calcula. Las plantas, testigos del transitar de los casi 2 100 visitantes que mensualmente llegan al sitio, emanan otros aromas. Son las especies medicinales que sirven para curar enfermedades de forma natural, como la manzanilla y el toronjil.

Se acerca el final del recorrido. No sin antes conocer los talleres que preparan los siete mediadores. De esta forma los turistas siempre encuentren algo nuevo. Las clases son cortas y se imparten en donde fue la casa modelo de aquel conjunto habitacional que no llegó a construirse. Los temas que se exponen son medicina natural y coloración con tintes vegetales. Si usted no tiene apuro, puede quedarse y aprender.

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Excavaciones delimitadas

Camine en el parque como si realmente estuviera ahí, conozca el Centro de Interpretación, la Casa Taller y más sitios representativos de este patrimonio.

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Anécdota del Parque Arqueológico Rumipamba

La construcción del conjunto habitacional se suspendió tras los hallazgos arqueológicos. En el lugar, actualmente, también funcionan talleres.

tesoros

Tesoro del Parque Arqueológico Rumipamba

Los culuncos son parte del atractivo. Son una especie de túneles naturales que se utilizaban como escondite.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
Diseño Web de Infografías: Miguel Rivas, Julio Arteaga, Mabel Bastidas
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