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El habla de los quiteños es muy particular

Los quiteños tienen un forma muy particular de hablar y ese es un tesoro que se debe cuidar y no dejar que se pierda. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Del arrarray al de leyf en el hablado quiteño

En Quito, el habla forma parte del patrimonio  intangible. La combinación del español y el quichua son algunas de las condiciones que dan como resultado el que se puede llamar dialecto de los capitalinos.

“Ya vuelvo en un ratito, porque de ‘leyff’ me viene a buscar ese guambra, hijo de la vecina que dizque quiere que le dé viendo lo del cupo”. Expresiones como estas son parte de uno de los patrimonios de la ciudad: el dialecto.

El arrastrar la r y la terminación de ciertas palabras en f son dos de las particularidades del habla en la capital. Además, en la cotidianidad, se hace presente el sustrato aborigen, con palabras como arraray, achachay, el chapa, entre otras.

María Jaramillo, directora de la Escuela de Lenguas de la Universidad Católica del Ecuador, explica que el habla quiteña tiene sus propios rasgos que, a su vez, están atados a aspectos regionales, de clase social, nivel de educación... No es lo mismo escuchar una conversación en el mercado de San Roque, donde no faltan frases como “venga caserita, sí le hemos de dar la yapa” que visitar un centro comercial, donde se escucha “bienvenido, estamos para servirle”.

El arrastrar se conoce como asibilar la r, mucho más marcado en el dialecto quiteño que otros sectores de la Sierra del Ecuador. Para la experta, “no se puede hablar de que sea algo realmente consciente, nos damos cuenta porque es diferente a como habla el otro”.

“Nos vemos en la cafetería. De leyf”. Es la frase como, a media mañana, dos jóvenes acuerdan una cita, en medio del bullicio del parque central de la Universidad Católica. La expresión se repite en más de una ocasión, mientras los libros y las tareas se extienden por el césped de la institución.

Fabricio Cerón, estudiante de séptimo semestre de Comunicación, cuenta que el uso del de leyf, de unaf, capazf…, es cotidiano, tanto en un grupo de amigos como en un debate. Él es un muchacho vinculado a la cultura. Pero no tarda en admitir que incluso en las más acaloradas discusiones, no faltan dichas palabras. “¿Leíste la antología de Cortázar? “. La respuesta se repite y, para Cerón, hasta da pie para prolongar la conversación.El joven de 20 años relata que tiene presente que esta forma de hablar es parte de su cotidianidad desde que tenía 15.

Sofía Erazo, de 22 años, estudiante de séptimo semestre de Comunicación Organizacional,  acota: “De leyff se usa, pero no creo que sea parte del patrimonio”, comenta que para ella es más notorio el adornado en los enunciados de los quiteños: “Disculpe, le puedo hacer una pregunta, perdone que le interrumpa”.

Jaramillo explica que esa terminación se deriva del pues, que pasa al ps y de esto al fs, por un fenómeno de fricatización. La p se fricatiza y se transforma en fs y ahora se simplifica y queda en una f prolongada. Esto se deriva del uso frecuente del “qué es pues” que, en algunos casos, desemboca en  ‘Ques pes’.

La fricatización es el fenómeno por el cual una consonante (oclusiva) se convierte en fricativa, cambiando su modo de articulación para dejar pasar el aire.

Por otro lado, hay estudios sobre el uso excesivo de diminutivos. A decir de Jaramillo, esta característica es más notoria en las mujeres.

“Venga bonita, pruébese. Ha de ofrecer nomás reinita”, se escucha en el local del pasaje B, del Centro Comercial Hermano Miguel, uno de los ocho establecimientos del ahorro del Centro Histórico. La amabilidad se desborda en la vendedora que intenta vender un pantalón a cuadros a una joven. Pero, entre la duda de la posible compradora, en el local estrecho de la calle Imbabura, la comerciante continúa: “Anímese, lindo le ha de quedar.  Jefferson, pásame el pantalón azulito. Ese sí le ha de gustar.”

En el habla quiteña, los diminutivos son la forma de ser gentil. Jaramillo indica que, tomando en cuenta esta concepción, la persona que no los utiliza es tomada como seca e incluso descortés. En la parte morfológica es un rasgo sumamente marcado.

Juan Paz y Miño, cronista de Quito, explica que el suavizar las palabras tiene mucho que ver con la cultura andina, donde las relaciones tienden a ser amistosas.

Además, el habla quiteña también es el resultado de la llegada de españoles de puntos como de Galicia, Cádiz y Sevilla. “Seguramente, esas mezclas fueron creando esta forma de hablar. Y hasta la época republicana no tenía una considerable inmigración, lo que se mantiene hasta el siglo XIX y parte del XX, con un lenguaje coloquial, andino”, dice Paz y Miño. También es un lenguaje muy subordinado, que se puede notar en enunciados como: no sea malito, mande, regáleme un poquito, esto nomás es.

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Fotografía y video: Diego Pallero
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Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
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