Patrimonio Contemporáneo> Mercados de Iñaquito y Santa Clara

  • El mercado de Iñaquito está ubicado en el centro norte de la ciudad. En este centro de abastos tradicional los clientes pueden encontrar frutas, verduras y comida típica. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Los víveres, o artículos no perecibles, se pueden encontrar en el mercado de Iñaquito. Estos locales rodean la parte externa del centro de abastos. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • En Iñaquito se reúnen los profesionales y vecinos a degustar los platos típicos, en el amplio comedor que siempre cuenta con clientes.
  • Los colores de los productos resaltan entre los puestos de las vendedoras. Así buscan que se acerquen y les compren las 'caseritas', así llaman a sus clientas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Los jugos, en el mercado de Santa Clara, son apetecidos por los clientes, que mezclan frutas con hierbas como alfalfa o borojó. También se puede encontrar el colorido 'comibebe'. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • El orden de los productos, en los puestos del mercado, causa admiración por las múltiples pirámides y montañas que forman sobre los puestos de cada vendedora. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • En Santa Clara también se cura el espanto. Allí las vendedoras hacen las 'limpias' y recomiendan las plantas que sirven para los rituales de la suerte. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Un sinnúmero de muebles hechos con mimbre se ofertan en Santa Clara, convirtiéndolo en un mercado que se caracteriza por este producto. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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HORARIOS
Iñaquito: Lunes a domingo de 08:00 - 17:00. Santa Clara: Lunes a viernes de 07:00 - 17:00. Sábados y domingos de 08:00 - 14:00

Santa Clara e Iñaquito, la tradición de ir al mercado

Cuando el mercado de Santa Clara abrió sus puertas, en 1951,  se ubicó en la entonces ‘periferia’ de la ciudad; la hoy avenida Colón era el límite desde donde se marcó el crecimiento hacia el norte. Tras dos remodelaciones y 63 años de vida, este centro de expendios y de comidas se yergue en el ahora centro norte de la capital.

Su ubicación sumada a la variedad y frescura de sus productos, lo han convertido en uno de los mercados tradicionales de Quito. Al ingresar por la calle Versalles, el sentido del olfato se agudiza por la mezcla de olores producto de la extensa oferta alimenticia:  caldo de gallina, fritada, el infaltable hornado, la corvina frita, variedades de jugos…

Los mesones metálicos o de baldosa, las silletas pequeñas adosadas unas con otras, las ollas, el vapor, los letreros de los puestos. Todo se fusiona, armónicamente, provocando que el apetito o la sed se sientan con mayor intensidad. Con su atuendo de chef, blanco e impecable, Augusto Chiriboga atiende a los comensales (estudiantes, turistas, oficinistas, policías, profesores, familias enteras) sacando dotes de tenor. “Venga mi señora sí hay el caldo de gallina, pruebe nuestro seco”. El hombre de 68 años ofrece sus secos, de pollo y de carne, desde hace 40 años, cuando vendía junto con su madre.

De lunes a sábado, Chiriboga llega al mercado antes de las 06:00 para preparar los platos. Los primeros clientes empiezan a llegar una hora después. En la parte posterior de la sección de comidas (uno de los 11 del mercado), está el puesto de Blanca Molina. Ella, literalmente, se crió en el mercado de Santa Clara. Su sombrero y mandil azules hacen juego con la sonrisa contagiosa que la caracteriza. La mujer, de 55 años, recordó que hasta hace 15 años vendía frutas, verduras, legumbres en los exteriores. Pero ella y otras 31 comerciantes ingresaron al Mercado.  Nos han dado cursos de manejo de productos y trato al cliente, cuenta, mientras vende un dólar de aguacates. Doña Blanquita, como la conocen, llegó a ser dos veces presidenta de la asociación de comerciantes. En las dos plantas del Mercado laboran 241 socios.

En la parte alta funciona un centro de educación inicial y uno de salud. Más al norte de la ciudad, en la Iñaquito y Villalengua, está otro centro de expendio que fue parte de la expansión urbana, el mercado de Iñaquito. Los frigoríficos en los puestos de pollos y mariscos; además de los quioscos de estructura metálica con vidrio, dan una imagen moderna de este centro que cumplió 37 años.

Este cambio se materializó hace 12 años. Hugo Molina tiene su local de venta de mariscos. Dos frigoríficos y una refrigeradora son parte del mobiliario de su puesto. Los camarones, conchas, picudos y ostiones son parte de la oferta. Luciendo las clásicas ‘botas siete vidas’, recuerda que en su lista de clientes constan futbolistas como Néicer Reascos o el ex atacante albo Hernán Barcos.

Pero, sin duda, uno de los atractivos de este centro de expendios está en sus dos patios de comida. El hornado es por demás el plato representativo del mercado Iñaquito. Mariana y Marcia Santos lo preparan desde hace 35 años. La probada es su estrategia de mercadeo. Entre los visitantes están oficinistas, vecinos, transeúntes, empleados públicos o privados que laboran en los alrededores. quienes recorren sus instalaciones de 07:00 a 16:00.

Ambos mercados, el de Santa Clara e Iñaquito, han sobrellevado al tiempo y a otra forma de modernidad de la ciudad, los supermercados. Los precios más bajos, sin duda, siguen siendo uno de sus principales atractivos.

anÉcdotas

Mariscos frescos en Iñaquito

Un video de un comerciante del mercado de Iñaquito.

tesoros

Jugos de frutas en Santa Clara

Uno de los tesoros del mercado de Santa Clara son los puestos en los que se expende jugos para curar diferentes dolencias.

 

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Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
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