Patrimonio Contemporáneo>Las limpias de San Francisco> Historia

  • La limpia es un ritual que busca equilibrar las energías de las personas. Se la practica desde hace décadas en el mercado de San Francisco. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En el mercado de San Francisco, ubicado en las calles Rocafuerte y Chimborazo, en el Centro Histórico, hay 11 puestos que ofrecen curar el espanto. En especial los martes y viernes las personas hacen fila. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • La fe es una de las motivaciones que impulsa a decenas de clientes a buscar una 'limpiadora'. Generalmente acuden cuando sienten que la mala suerte les persigue. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Hierbas medicinales, licor, huevo, agua bendita y colonias son los elementos que se usan para limpiar el 'mal aire', 'mal de ojo', el espanto, el 'ojeado' y la sálipa. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • En el mercado de San Francisco es común ver a madres con sus hijos en búsqueda de una cura para los males que, según dicen, los médicos no encuentran. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • La ruda es una de las plantas infaltables en todo tratamiento. Esta no se usa sola, va acompañada por manzanilla, hinojo, chilca, sauco, santamaría y chagrillo (mezcla de flores). Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
  • Blanca Ganchala heredó el oficio de su abuela y su madre María Elena García, a quienes ayudaba desde que tenía 8 años. El collar de chímbalo es uno de sus secretos para curar el espanto a los niños. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO
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Domingo a domingo de 07:00 - 16:00

El espanto que se cura en San Francisco

El olor a hierbas es penetrante. Sobresalen la ruda, la menta, la ortiga, la manzanilla, el sauco… Esa mezcla de aromas envuelve el ala occidental del mercado San Francisco, en el Centro Histórico de Quito. Está en las calles Rocafuerte y Chimborazo.

Son 12 puestos con un objetivo en común: curar el espanto a niños y adultos.Y para que no haya duda, grandes letreros con letras rojas dan fe de esa “habilidad” que es parte de la identidad de este centro de abastos, conocido como el primero de la ciudad. Estos ‘consultorios’ suman once. Las especialistas, en igual número, son mujeres que curan el espanto, el mal de ojo, el malaire, las energías negativas y hasta el estrés.

Las curanderas, en su mayoría, pasan del medio siglo de vida. Son mujeres que han heredado este conocimiento. Blanca Ganchala, del local 11, es una de ellas. Aprendió este oficio, desde los ocho años, de la mano de su abuela y de su madre, María Elena García. No hay recetas ni pastillas ni jarabes en estos tratamientos.

Eso lo sabe Evelyn Molina. Cada vez que uno de sus dos hijos no puede dormir, se sobresalta y despierta llorando, no duda en acudir a San Francisco en busca de una limpia. Una visita al cementerio dejó un sentimiento de temor entre los pequeños. Con ese antecedente, Blanca Ganchala procedió al tratamiento. Manzanilla, menta, toronjil, llantén, sauco, malva olorosa y ortiga conformaban el atado con el que limpió los pequeños cuerpos.

Oraciones a Jesús del Gran Poder y a La Dolorosa son ineludibles en este ritual/tratamiento que tiene su final con una rociada de aguardiente y la colocación de colonia. Atrás quedaron los años cuando se escupía el licor.

Cada limpia es cuestión de fe. Esa es la única condición que Rosa Lagla, del puesto 8, cuenta que debe tener cada persona. El día, sea lunes o martes o viernes, no es importante. En eso coincide Fabiola Brito, una de sus clientes, quien no duda en testimoniar sobre los beneficios de estas curas. Su segundo hijo ya cumplió los 15 años y, sin titubear, dice que se sanó gracias a las limpias. Cuando tenía un año y seis meses, enfermó del estómago. Era grave. No comió durante días. Los médicos no atinaron en el diagnóstico y hasta hablaron de una intervención quirúrgica. Una vecina le recomendó las limpias del mercado San Francisco. “Desde la primera vez mejoró. Ese mismo día volvió a comer”.  El niño sanó y no hubo operación.

Pero hay opciones para seguir el “tratamiento” en casa con el chagrillo, una mezcla de hojas de rosas que se sirve para preparar aguas aromáticas y baños. Otras alternativas son las colonias, jabones y sales para garantizar la suerte, el amor o atraer clientes. Para los pequeños hay un ingrediente adicional: manillas rojas elaboradas con mullos, son un escudo en contra del mal de ojo.

anÉcdotas

Oficio de generaciones

El ritual se efectúa en el mercado de San Francisco. Las hierbas quitan el espanto, el mal aire, el mal de ojo y hasta el estrés.

tesoros

Ruda, la planta más fuerte

Las curanderas usan manzanilla o sauco. También llevan el collar de Chímbalo.

 

Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
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