Patrimonio Contemporáneo> Las colaciones de la cruz verde

  • Luis Marcelo Banda Smith prepara las tradicionales colaciones de La Cruz Verde, como un legado de sus padres y abuelos. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Las colaciones son caramelos blancos con maní por dentro. Su preparación data desde 1915. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La paila de cobre es donde miles de colaciones se han preparado. Luis la heredó de su abuela. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Luis columpia la gran paila de cobre para mezclar las 100 libras de azúcar derretida con el maní. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Este artesano quiteño inicia la preparación de las colaciones a las 07:30. No descuida la paila sobre el fuego, de lo contrario los dulces se queman. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La gran paila se balancea, sostenida en dos grandes sogas, para evitar que estos tradicionales dulces quiteños se echen a perder. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Las colaciones están listas. Antes de ofrecerlos a los golosos clientes, Luis debe pesarlas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Los singulares dulces quiteños han copado las páginas de publicaciones internaciones, que este artesano guarda como su tesoro. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Actualmente las colaciones también las puede encontrar rellenas de nuez, anís y almendras. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Luis Marcelo Banda Smith prepara las tradicionales colaciones de La Cruz Verde, como un legado de sus padres y abuelos. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Las colaciones son caramelos blancos con maní por dentro. Su preparación data desde 1915. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Este artesano quiteño inicia la preparación de las colaciones a las 07:30. No descuida la paila sobre el fuego, de lo contrario los dulces se queman. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La paila de cobre es donde miles de colaciones se han preparado. Luis la heredó de su abuela. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Luis columpia la gran paila de cobre para mezclar las 100 libras de azúcar derretida con el maní. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • La gran paila se balancea, sostenida en dos grandes sogas, para evitar que estos tradicionales dulces quiteños se echen a perder. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Las colaciones están listas. Antes de ofrecerlos a los golosos clientes, Luis debe pesarlas. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Los singulares dulces quiteños han copado las páginas de publicaciones internaciones, que este artesano guarda como su tesoro. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
  • Actualmente las colaciones también las puede encontrar rellenas de nuez, anís y almendras. Foto: Archivo/ EL COMERCIO
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Las colaciones que endulzan desde 1915

Sus palmas y dedos son viscosos. Se lo siente cuando estrecha las manos. Es por el azúcar con la que trabaja. Sus manos son recias y ásperas,  por  la fuerza con la que mece, hasta seis horas al día, una paila grande de cobre. Ese trajín es de Luis Marcelo Banda Smith, un artesano quiteño que mantiene el legado de su abuela y padres: preparar las tradicionales colaciones. Son unos caramelos redondos, blancos con maní en el centro. Ahora, también, hay de nuez, anís y almendras y las clásicas de maní.

En su casa Oe8-97 de la calle Bolívar, entre Chimborazo e Imbabura, la jornada empieza a las 07:30. Siempre está vestido de una vieja camiseta y una gorra que usualmente se la coloca al revés. Esta pinta lo acompaña hasta cuando lo visitan medios extranjeros. En su pared cuelga un ejemplar del Miami Herald, diario estadounidense, que le hizo un reportaje en inglés. “The sweeter side of Quito”.

De regreso a la cocina, la primera tarea es preparar la miel de las 100 libras de azúcar que usa al día. Una gran olla hierve casi todo el día a fuego lento.  Junto a ella una gran paila de cobre, herencia de su abuela, se columpia. Esta cuelga de seis sogas, al borde de una de las dos puertas del local.  Debajo un brasero con carbón encendido es el responsable de mantenerla caliente. Cuando todo está a punto empieza la preparación.

El maní es el primer ingrediente en saltar al bronce. Ayudado de un jarro de hierro enlozado, Luis Banda coloca poco a poco la miel, lo hace sin dejar de mecer la paila hacia adelante y hacia atrás. La maniobra es indispensable para que las colaciones salten y no se peguen entre sí. Gracias al fuego toman consistencia y forma. Los grumos que se forman en el fondo se deshacen con una espátula. Las 100 libras se preparan en dos o tres tandas, en cada una tarda hasta dos horas.

Los ojos de Luis no se apartan de la paila, al mínimo descuido los dulces se queman. Así como su negocio es una herencia familiar, sus clientes también. A David Moya, de 28 años, sus padres lo llevaban a las colaciones de la Cruz Verde y a ellos sus abuelos. Para él son parte de la tradición e historia quiteña. Por eso en su local de cabinas telefónicas e Internet ofertaba las funditas de colaciones, que hoy tienen un valor de un dólar.

Según su experiencia, los extranjeros eran los que más degustaban de esta golosina. Mientras los clientes esperan que se les despache el producto, se distraen en la galería. Son 22 cuadros que enmarcan las publicaciones en periódicos y revistas sobre las colaciones de la Cruz Verde. En una de ellas está Hortensia Espinoza, abuela de Luis, quien empezó con la tradición en 1915. En otro están sus padres Luis Banda y Herminia Smith, en la gráfica también está el joven Luis, hijo, hace más de 30 años, cuando recién aprendía el oficio. Estos cuadros son su tesoro.

En medio de los reportajes se destaca su título universitario otorgado por la Universidad Central. Es Ingeniero Bursátil, carrera que no ejerció. Luis Banda es el único de siete hermanos que decidió continuar con el legado familiar. Su incentivo es la gratitud hacia su abuela y madre. El camino no fue fácil. Su esposa Luzmila Guillén, con quien lleva 25 años juntos y dos hijos, no estaba conforme con su oficio. El amor  a su esposo le hizo cambiar de opinión. Ahora ella da el toque moderno a la dulcería. Ella prepara higos confitados, mistelas, turrones, rompemuelas…

La jornada termina para ambos a las 18:00. Se apaga el fogón, se enfría la paila. Así la rutina es de lunes a sábado. “Solo los domingos descansamos las paila y yo”.

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Creditos de Contenido y Diseño


Idea original y edición: Marcos Vaca Morales
Fotografía y video: Diego Pallero
Multimedia: Carlos Espinosa
Periodistas: Richard Cortez, Byron Rodríguez Vásconez, Mayra Capón, Andrés García, Ana Guerrero, Evelyn Jácome, Mónica Jara, Viviana Macías, Jean Pierre Ospina, Mayra Pacheco, Fernanda Salvador
Edición de video: Javier Flores
Editor de Infografía: Glauber Guerra
Infografías: Joe Alvear, Verónica Jarrín, José Chanatásig, Pablo Parra y Xavier Estrada
3D: Germán Jácome y Pablo Guamán
Ilustraciones: Jorge Cevallos
Diseño Web de Infografías: Miguel Rivas, Julio Arteaga, Mabel Bastidas
Programación de Infografías: Fernando Torres
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